miércoles, 15 de febrero de 2012
Shelley, Sábato y el templo de Karnak
Ozymandias
Conocí a un viajero de un antiguo país
que dijo: «dos enormes piernas de piedra
se yerguen sin su tronco en el desierto…
junto a ellas, en la arena, semihundido
descansa un rostro hecho pedazos, cuyo ceño fruncido
y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
que todavía sobreviven, grabadas en la piedra inerte,
a la mano que se mofó de ellas y al corazón que las alimentó.
Y en el pedestal se leen estas palabras:
“Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, oh poderosos, y desesperad!”
No queda nada a su lado. Alrededor de las ruinas
de ese colosal naufragio, infinitas y desnudas
se extienden las solitarias y llanas arenas.
Percy B. Shelley (1792-1822)
Piedras ensimismadas
vueltas hacia qué patrias del silencio
testigos de la nada
certificados del destino final
de una raza ansiosa y descontenta.
Ernesto Sábato (1911-2011)
Etiquetas:
Escultura,
Literatura,
Poesía,
Vanitas
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